Despachos de Guerra // Blue li(n)es

noviembre 4, 2010

No quiero ser como Tacitus

Filed under: cambios — despachos @ 12:41 am

Quiero ser como Tacitus

El de la foto es Tacitus. Es la única foto que se le conoce. Tacitus, obviamente, no es su nombre, pero prefiero mantener su verdadera identidad en el anonimato. Por su bien, o quizás por el mío. Tacitus siempre ha sido mi sombra, mi némesis, mi Moriarty. O tal vez yo he sido su sombra, su némesis, su Moriarty.

Todo empezó cuando estudiaba en los escolapios de Sant Cugat, donde fui un estudiante modélico, los profesores me adoraban, pero siempre que hacía un comentario acertado, resolvía una ecuación difícil o decía del derecho y del revés los elementos de la tabla periódica sin apenas respirar, el comentario del profesor correspondiente era el mismo: “esto ya lo dijo Tacitus” “esto ya lo resolvió Tacitus” “esto ya lo hizo Tacitus”. Como era de carácter muy competitivo, no me tomaba muy a bien que hubiera alguien que ya hubiera hecho todas las gestas con la que estaba adornando mi historial académico ¿Quién era ese maldito Tacitus? Peor fue el día de mi graduación, cuando mi padre, un hombre severo y que solía esconder sus emociones,  expresó por fin todo el orgullo que tenía por mi y me dijo que no se podría tener un mejor hijo que yo, si exceptuábamos, claro está, a Tacitus. “¡Ah Tacitus! -me dijo- sus padres deben estar tan orgullosos de él” ¿¡Tú también, padre mío!?

Decidí ir a la búsqueda de ese tal Tacitus que me estaba amargando la existencia, pero como el Teniente Willard en Apocalypse now!, tampoco sabría que hacer cuando me encontrara cara a cara con mi particular Coronel Kurtz, ya improvisaría. Preguntaba, preguntaba y preguntaba, pero las respuestas siempre eran extrañas, vagas, poco fiables: “uno del barrio que vive encima de la panadería” “el de las gafas esas modernas… así modernas como las tuyas” “Ah, pero ¿Tacitus no eres tú?”…

Con la universidad,  empecé a salir con chicas, montones de ellas, pues mi altura y mi delgadez, si casi parecía un modelo, las volvía locas. Pero no las podía retener demasiado tiempo. Algunas me decían cosas bonitas como “no disfrutaba tanto desde aquella noche con Tacitus” Yo era escuchar la palabra Tacitus y las abandonaba. Otras tenían su momento confesión y me decían que habían accedido a salir conmigo porque les recordaba a un antiguo novio “No me lo digas, Tacitus” y asentían sorprendidas con la cabeza “¿como lo sabes?”. Fue a una de éstas a la que robé la única foto de la que dispongo de Tacitus, y dejé en su lugar una mía y nunca se dio cuenta del cambiazo, pues aparte de que yo llevaba otro tipo de ropas, eramos como dos gotas de agua. Aunque no tardé en comprarme una chaqueta cruzada como aquella, me pareció lo más, y también unos náuticos, que quedan bien con todo, pero le seguía odiando y le seguía buscando.

Ya acabada la univerisdad, y mientras ejercía de bussines administration en Madrid, una tarde que fui al barrio de Lavapies llegaría la gota que colmó mi paciencia. Me perdí por las calles del barrio; pero en un sentido figurado, pues me sentía feliz paseando por aquel lugar, y también literal, pues no sabía bien donde estaba y puede hasta que ya no estuviera en Lavapiés sino en Recoletos, cuando reparé en una pintada en un muro que parecía llevar años ahí y que decía:  Por aquí pasó Tacitus, mucho antes que tú.

Aquello fue demasiado para mí. Hice las maletas y me mudé a Los Ángeles al día siguiente, donde sabía que había mucha demanda de mi oficio y estuve viviendo feliz (no escuché ni palabra del susodicho, entre otras cosas porque su nombre no tiene traducción al inglés) y hasta las mujeres me querían por mí mismo y no porque les recordara a otro. Pero la felicidad nunca es eterna y un mal día  me deportaron por un feo asunto de drogas.

Ya hace doce años de aquello, pero desde mi vuelta a la madre patria, y pese a mis temores iniciales, jamás volví tampoco a escuchar palabra alguna del tal Tacitus. Ya lo daba por olvidado. “Si yo me fui a Los Ángeles,quizás él se fue a Katmandú” -solía pensar. Y me sentía bien. Único. Grande y libre.

Hasta hoy, que me ha felicitado una amiga por el msn por el blog que estáis leyendo. “Me gusta mucho”, me ha dicho “no leía nada tan bueno desde el blog de Tacitus” “¿El blog de Tacitus?” he escrito yo, y una carita enfadada después. “Tranquilo, tranquilo -me han respondido- que ya te pongo el link”. Y me lo ha puesto: http://tacitus.wordpress.com/

Y ahora me vuelvo a sentir desgraciado, repetido y clónico. Es como si me hubieran lanzado a la cabeza toda la discografía de U2 sin desprecintarla antes. Y eso duele, que son muy pesados.

Quizás para mucha gente Tacitus y yo somos uno, pero no somos el mismo.

 

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5 comentarios »

  1. No es que llore, es que se me ha metido algo en el ojo. O tal vez sean las lentillas …

    Comentario por tacitus — noviembre 4, 2010 @ 11:19 am | Responder

  2. Tacitus, algún día seré como tú!!!

    Comentario por despachos — noviembre 4, 2010 @ 5:50 pm | Responder

  3. I shall be back.

    Comentario por Taciburgo — diciembre 29, 2010 @ 8:13 pm | Responder

  4. Volveré.

    Comentario por Taciburgo — diciembre 29, 2010 @ 8:14 pm | Responder


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