Despachos de Guerra // Blue li(n)es

diciembre 31, 2010

(adiós 2010) HOLA 2011

Filed under: cambios — despachos @ 1:50 pm

 

els díes i les dones

Pues se acaba el 2010. Un año en que un día nevó, otro hizo más calor del que nadie recordara, uno me fui a la Alhambra, otro me fui a Brujas, un día conocí a Pete Kember, otro conocí a Tacitus, un día perdí al tenis, otro día ganamos el mundial, un día me compré una camiseta de Els Trons, otro día me la puse y me hice una foto, un día fui al cine al aire libre, otro al teatro Almería…  pero si sobre todo ha sido algo este 2010 ha sido un año de pin-ups. Cada día una, excepto los fines de semana en los que la del domingo era la misma del sábado, pero tampoco me quejaba y un día, el 14 de enero,  hasta me salió un cocacolo y aún no me he repuesto, que eso de que en esta vida hay que probar de todo es una verdad a medias, o si preferís, media mentira. En fin, que dejamos atrás este 2010, que no ha sido un año para recordar, pero tampoco para olvidar, y nos adentramos en un nuevo año en el que al principio esperaremos de él grandes cosas y poco a poco iremos bajando las expectativas. Con que lleguemos vivitos y coleando a su final me conformo.

 

FELIZ 2011 A TODOS

Anuncios

noviembre 7, 2010

the new mobile generation

Filed under: cambios — despachos @ 9:42 am

Seguro que a todos os han contado algún chiste de ésos que empiezan: va un japonés, un americano y un español… (antes también habían franceses, ingleses  y alemanes, pero con la crisis se han eliminado).

Pues bien, esto no es un chiste, pero…

En 2001, un japonés llamado Kamar Hito se dio cuenta de que en los bolsillos del kimono no le cabían la cámara de fotos y el móvil y Kamar Hito pensó “no sería más fácil que ambos artilugios convergieran en uno” y así inventó el móvil con cámara de fotos integrada.

En 2007, un americano llamado Steve Jobs pensó en términos parecidos, pero esta vez era el móvil y el reproductor de Mp3 lo que no le cabían en los bolsillos de sus estrechos tejanos Levis 501. Así que inventó el iphone.

En 2010, un albaceteño llamado Manuel Faca ha tenido parecidos problemas con sus pantalones de lino del domingo, pero también lo ha solucionado como podréis ver a continuación:

.

.

Ya en sus tiendas Movistar. Si dices que has visto este anuncio, un 5% de descuento y afilado gratis.

noviembre 4, 2010

No quiero ser como Tacitus

Filed under: cambios — despachos @ 12:41 am

Quiero ser como Tacitus

El de la foto es Tacitus. Es la única foto que se le conoce. Tacitus, obviamente, no es su nombre, pero prefiero mantener su verdadera identidad en el anonimato. Por su bien, o quizás por el mío. Tacitus siempre ha sido mi sombra, mi némesis, mi Moriarty. O tal vez yo he sido su sombra, su némesis, su Moriarty.

Todo empezó cuando estudiaba en los escolapios de Sant Cugat, donde fui un estudiante modélico, los profesores me adoraban, pero siempre que hacía un comentario acertado, resolvía una ecuación difícil o decía del derecho y del revés los elementos de la tabla periódica sin apenas respirar, el comentario del profesor correspondiente era el mismo: “esto ya lo dijo Tacitus” “esto ya lo resolvió Tacitus” “esto ya lo hizo Tacitus”. Como era de carácter muy competitivo, no me tomaba muy a bien que hubiera alguien que ya hubiera hecho todas las gestas con la que estaba adornando mi historial académico ¿Quién era ese maldito Tacitus? Peor fue el día de mi graduación, cuando mi padre, un hombre severo y que solía esconder sus emociones,  expresó por fin todo el orgullo que tenía por mi y me dijo que no se podría tener un mejor hijo que yo, si exceptuábamos, claro está, a Tacitus. “¡Ah Tacitus! -me dijo- sus padres deben estar tan orgullosos de él” ¿¡Tú también, padre mío!?

Decidí ir a la búsqueda de ese tal Tacitus que me estaba amargando la existencia, pero como el Teniente Willard en Apocalypse now!, tampoco sabría que hacer cuando me encontrara cara a cara con mi particular Coronel Kurtz, ya improvisaría. Preguntaba, preguntaba y preguntaba, pero las respuestas siempre eran extrañas, vagas, poco fiables: “uno del barrio que vive encima de la panadería” “el de las gafas esas modernas… así modernas como las tuyas” “Ah, pero ¿Tacitus no eres tú?”…

Con la universidad,  empecé a salir con chicas, montones de ellas, pues mi altura y mi delgadez, si casi parecía un modelo, las volvía locas. Pero no las podía retener demasiado tiempo. Algunas me decían cosas bonitas como “no disfrutaba tanto desde aquella noche con Tacitus” Yo era escuchar la palabra Tacitus y las abandonaba. Otras tenían su momento confesión y me decían que habían accedido a salir conmigo porque les recordaba a un antiguo novio “No me lo digas, Tacitus” y asentían sorprendidas con la cabeza “¿como lo sabes?”. Fue a una de éstas a la que robé la única foto de la que dispongo de Tacitus, y dejé en su lugar una mía y nunca se dio cuenta del cambiazo, pues aparte de que yo llevaba otro tipo de ropas, eramos como dos gotas de agua. Aunque no tardé en comprarme una chaqueta cruzada como aquella, me pareció lo más, y también unos náuticos, que quedan bien con todo, pero le seguía odiando y le seguía buscando.

Ya acabada la univerisdad, y mientras ejercía de bussines administration en Madrid, una tarde que fui al barrio de Lavapies llegaría la gota que colmó mi paciencia. Me perdí por las calles del barrio; pero en un sentido figurado, pues me sentía feliz paseando por aquel lugar, y también literal, pues no sabía bien donde estaba y puede hasta que ya no estuviera en Lavapiés sino en Recoletos, cuando reparé en una pintada en un muro que parecía llevar años ahí y que decía:  Por aquí pasó Tacitus, mucho antes que tú.

Aquello fue demasiado para mí. Hice las maletas y me mudé a Los Ángeles al día siguiente, donde sabía que había mucha demanda de mi oficio y estuve viviendo feliz (no escuché ni palabra del susodicho, entre otras cosas porque su nombre no tiene traducción al inglés) y hasta las mujeres me querían por mí mismo y no porque les recordara a otro. Pero la felicidad nunca es eterna y un mal día  me deportaron por un feo asunto de drogas.

Ya hace doce años de aquello, pero desde mi vuelta a la madre patria, y pese a mis temores iniciales, jamás volví tampoco a escuchar palabra alguna del tal Tacitus. Ya lo daba por olvidado. “Si yo me fui a Los Ángeles,quizás él se fue a Katmandú” -solía pensar. Y me sentía bien. Único. Grande y libre.

Hasta hoy, que me ha felicitado una amiga por el msn por el blog que estáis leyendo. “Me gusta mucho”, me ha dicho “no leía nada tan bueno desde el blog de Tacitus” “¿El blog de Tacitus?” he escrito yo, y una carita enfadada después. “Tranquilo, tranquilo -me han respondido- que ya te pongo el link”. Y me lo ha puesto: http://tacitus.wordpress.com/

Y ahora me vuelvo a sentir desgraciado, repetido y clónico. Es como si me hubieran lanzado a la cabeza toda la discografía de U2 sin desprecintarla antes. Y eso duele, que son muy pesados.

Quizás para mucha gente Tacitus y yo somos uno, pero no somos el mismo.

 

noviembre 3, 2010

35 días después

Filed under: cambios — despachos @ 11:39 pm
Tags:

Sólo 43 días más hasta el cumpleaños de Beethoven

 

Esto debí subirlo hace 35 días. Se me pasó y no tengo excusa, pues este blog ya existía aunque nadie conociera de su existencia aparte de su creador. Pero casi que mejor, así la espera se hará menos dura.

Sólo 43 días para el cumpleaños de Ludwig Van, del que por cierto, ya nadie compra discos 😦

Voy a reflexionar sobre si el retraso ha sido para bien o para mal mientras escucho que “la naranja ya no es mecánica”. Sólo añadir que la ultraviolencia siempre acaba mal.

Siempre acaba mal.

 

octubre 31, 2010

ayatollah, no me cambies la hora

Filed under: cambios — despachos @ 6:02 pm

Si me conocéis un poco sabréis que el cambio de hora me disgusta bastante, pero eso no me hace especial pues a la mayoría de los rusos y a muchos de los nuestros tampoco les gusta. No quiero profundizar en mis motivos ya que son los mismos que los vuestros.

Sólo decir que leí en un periodicucho de ésos que regalan una serie de consejos para combatir el cambio de hora otoñal (o sea el de hoy) y uno era abrir todas las luces de la casa al atardecer para que la falta de luz no nos deprimiera. O sea, que se hace esta tontería del cambio de hora para, supuestamente, ahorrar luz, y el consejo que dan para combatir sus efectos es gastar luz. ¿Nos hemos vuelto locos? Probablemente.

Lo único bueno que sacaremos de todo esto es que os dejo con una canción llamada ‘Changes’ con la que podréis reflexionar sobre los cambios de cualquier tipo, incluídos los de hora.

♫ I’m going through changes… ♫

Blog de WordPress.com.