Despachos de Guerra // Blue li(n)es

abril 19, 2011

Raúl Sánchez te ha enviado un zumbido

Filed under: space_invaders — despachos @ 8:06 pm

La cosa va así. Voy andando por la calle, despistao, a lo mío. Alguien me saluda, casi sin creérselo. “Hala, sí, hala no. ¡No puede ser! ¡tú! ¡y tú! ¡Cuánto tiempo! ¿pero no vivías en Madrid? Sí pero ya no”. Una de esas conversaciones que si la escucháramos desde fuera nos darían mucha vergüenza, pero la emoción de reencontrarse a un amigo traba la lengua. Luego la cosa ya se tranquiliza y empezamos a vocalizar y hasta a verbalizar.  “Seis años sin verte, seis años sin noticias, que sí, mucho internet pero ni una palabra”.  Y entonces toca ponerse al día en cuanto a los amigos: que sabes de éste, que sabes del otro. Todo bastante normal hasta que…

– … y con el que no he perdido el contacto es con Raúl, hablo mucho por MSN.

– ¿A quién te refieres?

– Raúl, Raúl Sánchez, el rubio.

– Si es una broma no tiene ninguna gracia.

– ¿Por qué? ¿Que sucede? ¿Estáis peleados?

– Raúl murió hace tres años en un accidente de coche. No puedes hablar por MSN con un muerto.

(continuará…)

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enero 3, 2011

Fotos en 3D

Filed under: space_invaders — despachos @ 11:44 am

London calling

Nueva tecnología para fotos en 3D, y sin necesidad de usar gafas. El futuro ya está aquí.

noviembre 16, 2010

Daniel de danieles

Filed under: space_invaders — despachos @ 5:48 pm

Queridos lectores:

De niño, en el mundo (al menos en el mío) sólo había dos danieles; dos danieles reales, porque luego estaba Daniel ‘Bum’ (saca la escopeta y hace pum ¿te crees que eres el primero que me dice eso?) y Daniel ‘el travieso’, el culpable de todo.

Uno de esos danieles reales era el señor Daniel, un afable hombre que vivía a dos manzanas de nuestra casa.

– ¿Y usted cuando celebra su onomástica, señor Daniel?
– El 21 de julio, que aunque ahora lo hayan cambiado, siempre lo he celebrado ese día.
– Pues como yo, señor Daniel. Tampoco lo voy a cambiar por mucho que ahora ponga el calendario que es San Lorenzo.

El pobre señor Daniel tenía una hija con una enfermedad degenerativa que hacía que no creciera (¿de verdad tienes 16 años?) y que asintiera con la cabeza constantemente (y no sé si lo acompañaba con síes o eso es un falso recuerdo). En nuestra crueldad infantil la llamábamos Sissí, pero siempre a sus espaldas, ante ella nos portábamos con corrección (aunque fue un tanto embarazoso el día que mi prima de dos años, en plena edad de la imitación, empezó a asentir constantemente delante de ella y sus padres).

El otro Daniel era yo.

Pero ni en la familia, ni en la escuela, ni en el vecindario, ni entre los protagonistas o secundarios de Verano azul había otros danieles. Josés, franciscos, manueles, antonios, luises, javis, panchos, quiques, titos y pirañas, pero no danieles. Recuerdo un pensamiento ocasional de esa época: “¿y éstos (mis padres) porque me pusieron esto tan raro de Daniel y no me pusieron algo más común como Jordi?” Pero aparte de esa crisis momentánea me sentía más o menos cómodo con el nombre, sobre todo al enterarme de que la alternativa era Oscar y, en caso de no haber tenido colita, Olga.

Ya luego fueron apareciendo poco a poco más danieles en el mundo. Dani, el hermano de David; Daniel Day Lewis; Dani el jevi del insti, hermano del rockero; Danny de Vito; Daniel el amarguras del curro; especias y conservas Dani… Y dejó de ser un nombre excepcional, aún sin llegar a lo común también conocido como vulgar.

Y ahora me entero aquí, no sin disgusto, de que el nombre más puesto en España en 2009 ha sido Daniel.

Mujeres que pronto vais a ser madres, me siento muy halagado y es todo un detalle que os acordéis de mí en estos momentos tan bonitos de la maternidad pero, por favor, parad esta locura. No queremos, y creo que hablo en nombre de todos los danieles, ser el nuevo José, el Juan del siglo XXI, ni el Francisco de la edad digital. No queremos que en clase o en el trabajo nos llamen por el apellido porque ya hay otro Daniel y llegó antes que tú, que el vecino del quinto se llame igual, que nos llamen y nos giremos tres a la vez y resulte que no era a ninguno de los tres, pues había un cuarto Daniel agazapado tras unos arbustos. Gracias por el interés, pero ¿no os gusta más Andrés?. No. No rotundo. No cabemos más. Lo siento.

Espero que sólo sea una moda pasajera y el nombre vuelva al lugar del que surgió: las catacumbas.

Atentamente.

Daniel

noviembre 2, 2010

¡Malditos humanos!

Filed under: space_invaders — despachos @ 9:05 pm

Hoy no tenía intención de escribir, pero mira por donde, en un plisplas he reescrito el final de “El Planeta de los Simios” y es que eso de encontrarse  la estatua de la libertad en un estado lamentable no les quedó mal del todo, vale, lo acepto, pero yo pensaba en algo más de aquí, más próximo y más moderno.

Y en vez de Charlton Heston, Juan Diego Botto.

Juan Diego Botto de mayor

 

Ahí va, espero que os guste:

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– Dejadlo –ordenó– Va a encontrarse con su destino.

Estuve unas horas cabalgando por unas playas bastante descuidadas. De repente, descubrí algo que hizo que, como la pieza de puzzle que faltaba,  todo encajara.  Me baje del caballo y empecé a gritar con desespero:

– Malditos humanos. Yo os maldigo, Vosotros y vuestros malditos festivales internacionales, lo han jodido todo. Habeis destruido la magia. Lo habeis destruido todo. He vuelto, dios mío, he vuelto, ¡¡¡y eso que dije que a esos precios, no volvía!!!

Y es que ahí estaba, semienterrado en la arena…

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... el escenario verde de Benicàssim.

FIN

octubre 30, 2010

Retratu

Filed under: space_invaders — despachos @ 11:46 am

 

sincu eurus

 

El pasado sábado me subí a Figueres a pasar el día. Estando en un bar que hay al final del paseo, así muy bohemio él (el bar) con un amigo tomando una cerveza vino un tipo con pinta estrafalaria (más que bohemio, parecía un okupa en horas bajas) y con un acento que yo no sabría decir si era catalán muy cerrado, andalú muy abierto o rumano medio, tal vez asturianu,  nos dijo:

– Un retratu, dies eurus.

A lo que yo respondí, haciendo gala de la educación que me han dado tanto mis padres como mis profesores.

– ¡Lárgate de aquí, gilipollas, o pillas! -y alcé mi puño cerrado para hacerlo todo más espectacular.

Y se fue, claro. Al rato mi amigo también  se fue porque había medioquedado (en realidad había quedado, pero me gusta utlizar la expresio medioquedar y cualquier ocasión es buena) con su novia en la estación. Le dije que yo le esperaba ahí, leyendo el periódico, ya que si hacéis memoria el sábado pasado hacía bastante frío, pues a eso añadirle el plus Tramontana y comprenderéis mi decisión.

El caso es que no pasaron ni dos minutos que volvió el estrafalario y yo creo que ni se acordaba de mí y mi respuesta violenta. Pensó que sería un nuevo cliente.

– Un retratu, sincu eurus -dijo esta vez.

¿Sincu? ¡¡¡Ha bajado los precios un cincuenta por ciento!!! -pensé. Igual es que cobraba sincu eurus por retratado y antes nos quería hacer un retrato a lo duetos. En fin, yo es que soy muy fan de los descuentos, así que  le dije.

– ¿Sincu? ¿seguru que sincu? ¿no serán aluegu dies y donde dije sincu ara digo dies? – intentando utilizar un lenguaje que le fuera comprensible.

– Sincu, amigu, sincu. Ara y aluegu.

Entonces le dije que vale, y con un 6 y un 4 me hizo el retrato que veis ahí arriba. Tampoco es que me parezca mucho (sólo en el bigote), pero quedó bonito, tanto que hasta lo he puesto de avatar en gravatar.

– ¿Como te llamas, amigu? -le pregunté mientras miraba contento el retrato y soltaba los sincu eurus en tres monedas de a dos, a dos y a un euro- Aligual algún dia alegu tases famosu y quieru saber tu nombre

– Pablo -me dijo (que no Pablu)

– Pablo ¿que más?

– Pablo Picasso – respondió (que no Picachu) y desapareció.

Y cuando digo desaparecer no me refiero a que saliera por la puerta y marchara a buen paso, sino que hizo chás con los dedos y ya no estaba.

Os dejo, para que reflexionéis sobre el asunto, con la canción Pablo Picasso de Jonathan Richman en la que nos canta que a Pablo Picasso nunca lo llamaron gilipollas, no en Nueva York (pero sí en Figueres).


octubre 26, 2010

le carrefour

Filed under: space_invaders — despachos @ 8:55 pm

 

mentira apta para terrícolas

 

Esta tarde he ido al Carrefour a hacer la compra. Sí, ya sé que no es lo más interesante del mundo para contar, pero no se vayan todavía que aún hay más. En la entrada había tres adultos y dos niños vestidos con capas marrones a lo Obi Wan Kenobi y portando pancartas. Lo que ponía en las pancartas y las consignas que  gritaban eran cosas tales  como: “Están entre nosotros” “No a la invasión alienígnea de los cascos rojos” “Volveos a vuestro planeta, azulejos” “Que no os engañen, de lado son otra cosa”

He supuesto que se trataba de alguna promoción de alguna película que venderían el DVD en el propio centro comercial o alguna cosa de estas raras que se suben al youtube porque la verdad, no entendía demasiado de que se quejaban los obiwanes.

También estaba el sintecho que pide a la puerta y al que siempre echo alguna monedilla, pero solo de cobre, tampoco soy millonario.

En fin, que he comprado, he salido por la otra puerta, así que ya no los he visto y a decir verdad me he olvidado totalmente del asunto.

Al llegar a casa estaba guardando los yogures, las naranjas y esas cosas cuando una de las bolsas ha quedado extendida caprichosamente de lado y entonces LO HE VISTO.

“Que no os engañen, de lado es otra cosa” “… cascos rojos” “… los azulejos” son las consignas que me han venido a la cabeza tras la visión. Sin acabar de guardar más que los langostinos congelados, que si descongelan ya se pueden tirar, he cogido el coche y he vuelto al Carrefour, pero ni rastro de los obiwanes. Le he preguntado al sintecho al que siempre echo unas monedillas cuando se habían ido los de la protesta y me ha dicho que nadie esa tarde ha estado protestando ahí, que si no me estaría confundiendo con el día de la huelga. Este hombre se gasta las monedillas en vino, sino, es que no lo entiendo. En fin, que yo quería decirles a los obiwanes que lo he visto también, y a ver si me daban más información del asunto, pero otro día será.

El caso es que yo sé lo que he visto, y lo que he visto es esto:

(aquí vendría bien una música de miedo, pero no tenemos)

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esto:


 

la verdad está aquí arriba

 

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